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| TÍTULO: LOS JUEGOS | >>SUMARIO>> | |
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En el Campo de la Leña éramos una pandilla de diez chavales,
aproximadamente, todos de la misma edad.
En general nuestros horarios coincidían siempre. El mismo colegio, las mismas horas de clase y prácticamente las mismas aficiones. Callejear y callejear. La salida del colegio –La Grande Obra de Atocha- convertía la Plaza de España en un hervidero de rapaces que, de repente, inundaban la plaza y desaparecían en un plis- plas para, de nuevo, en cuestión de minutos, reaparecer y ya con las meriendas en las manos permanecer en ella hasta que a alguno se le ocurría tomar nuevo rumbo. En la plaza de España se jugaba a todo: a las bolas, al che, al escondite, a las chapas, a la "bujaina"... LA BUJAINA De repente, sin habernos puesto de acuerdo en absoluto, un día un grupo aparecía jugando a la "bujaina" (la peonza ), y todos, en uno o dos días estábamos jugando a lo mismo. Era todo un ritual. Primero, pertrecharse de peonza y "piola"- cuerda para bailar la peonza-. Las mejores bujainas las tenía Tomás, en la calle de la Torre. Las había de diferentes tipos. Las mas cotizadas, las de madera de boj, aunque ahora después de saber lo que tarda el boj en crecer, dudo que hubiera suficiente madera de boj para tanta peonza. El eje sobre el que giraba la bujaina era el "ferrete" que se vendía por separado y podía ser de diferentes tipos y tamaños. El que venía normalmente, digamos de serie, solía ser un "ferrete" redondeado, flojo y despreciado por todos. Lo ideal eran los que llamábamos "de muerte" o " de castigo". Estos se vendían sueltos y eran mucho mas agresivos. Solían traer una o dos muescas que era donde se comenzaba a enrollar la "piola". Tenía su ciencia el cambio de "ferrete". Primero se trataba de extraer el que traía la bujaina. Esto casi no presentaba dificultad. Con un poco de tiento y unas tenazas...arreglado. Ahora venía el autentico problema. Normalmente los "ferretes" de castigo eran de mayor diámetro que los de serie. Primer problema;: agrandar el agujero de la peonza –sin pasarse- para poder introducir la nueva punta. La herramienta mas buscada era un trozo de cristal, una esquirla suficientemente larga y delgada para introducirla en el agujero y con mucho cuidado hacerla girar para ir desbastando poco o poco la madera de la bujaina hasta conseguir el diámetro apropiado. A la búsqueda de la herramienta dedicábamos todos nuestros esfuerzos y nuestro poder de persuasión para convencer a los cristaleros del barrio para que nos dieran el ansiado pedazo de vidrio. Segundo problema: fijar el "ferrete" de forma sólida y centrada para conseguir que la "bujaina" bailase bien. Sobre la solución a esta cuestión había diferentes tendencias. A saber: La rama ecologista, que optaba por introducir "bosta" de vaca o de mula (en su defecto) por el orificio de la bujaina dejándola secar y consiguiendo una sujeción bastante aceptable. La rama industrial, que escogía alguna especie de cola-pegamento y con eso también conseguía su propósito de fijación. Las dos tendencias discutían sobre cual de ellas era la mas efectiva, y yo estoy convencido que la mejor fue la que nos proporcionó el hijo de Triana que no se de donde consiguió unas bujainas que ya venían con el "ferrete" de castigo de fábrica. Además era un "ferrete" de tres muescas que en aquel momento- y creo que si ahora se jugase a la peonza también lo sería- era el sumum de todos los "ferretes". Nos tuvo amargados unos días hasta que conseguimos averiguar la procedencia de sus bujainas, pero lo conseguimos. Había en el tema de las peonzas otros pasos a seguir que no por ser secundarios dejaban de tener importancia. Por ejemplo: Todas las bujainas traían en la parte de arriba una especie de tope, algo así como el rabillo de las boinas. Era fundamental cortarlo, pues el no hacerlo daba la sensación de "menos varonil" pudiendo incluso inducir a tirar la bujaina a "pinche de nena", algo horrible a lo que todos habíamos recurrido al aprender a tirar la bujaina, pero que como bellacos negábamos empeñando en esta negación toda nuestra "palabra de honor" con beso en los dedos cruzados y escupitajo en el suelo. Todavía quedaba otro utensilio: la "piola". Consistía en una cuerda de apariencia similar al nylon de aproximadamente un metro de largo y que en uno de sus extremos llevaba un nudo. El otro extremo era por el que se comenzaba a enrollar en el ferrete de la peonza. Casi todos los chavales introducíamos por este extremo una moneda de dos reales que tenía un agujero en el centro y que al deslizarse por la piola hasta el otro extremo, quedaba sujeta por el nudo antes mencionado. En tiempos de "escasez" de fondos –que eran mas de los que nosotros quisiéramos- siempre se podía recurrir a una "chapa" de refresco previamente agujereada por el centro con una punta. Apoyándose en la moneda, se podía apretar con fuerza la piola alrededor de la bujaina, consiguiendo así que, a la hora de lanzarla, su movimiento fuese firme y con fuerza sobre el suelo. De un momento a otro iba a comenzar el juego. Solo faltaba dibujar en el suelo de tierra de la Plaza de España unos círculos que serían el campo de batalla donde se desarrollaría la partida. El juego consistía en desplazar la bujaina del oponente a base de golpes y choques-sin que la tuya dejase de bailar- fuera del círculo. Y ahí era donde radicaba la importancia del "ferrete". Demos por supuesto que todos sabían bailar la peonza. El pobre incauto, lanzaba la bujaina dentro del círculo. Entonces tu, que te habías manchado de "bosta" (los ecológicos) o arrastrado suplicante por los talleres para conseguir el pegamento (los industriales) sacabas tu bujaina y la lanzabas con toda la fuerza que podías (con tu "ferrete" de castigo) sobre la del incauto. Si la puntería funcionaba y realmente la "bujaina" de boj de tu contrario no era de boj, al darle semejante golpe, como mínimo la sacabas del círculo. Y ya era la leche cuando la falsa "bujaina" de boj, a consecuencia del impacto, se rompía en dos pedazos y la tuya seguía bailando como si nada . Entonces el juego terminaba. A media voz escuchabas los murmullos de pena y las nada veladas amenazas de tu contrincante... que ya verás,...se lo diga a mi padre..., la próxima vez... Pero tu, con un aire de suficiencia, todavía eras capaz de hacer la virguería de coger tu "bujaina" triunfante en la palma de la mano sin que dejara de bailar. Una acrobacia tal era el perfecto colofón, mas que por tu victoria, por la derrota del oponente. Y curiosamente, de la misma misteriosa manera que había aparecido el juego y los jugadores, como por arte de birle-birloque, un día al salir de clase, ya no había nadie que jugase a la "bujaina". ¿Misterio?, quien lo sabe pero las cosas en esos tiempos, eran como eran. |
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| AUTOR: Antonio Mantiñán Cordeda, 19 de abril de 2003 | ||
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AGADEF. Asociación Galega de Docentes de Educación Física. |
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